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Solo historias con tu imaginación.
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domingo, 27 de febrero de 2011

Equipo 7


Capítulo 1

-Naruto, vas a llegar tarde – me dijo mi madre desde el piso de abajo.
-¡Ya voy! – grité, para salir después corriendo por la puerta. - ¡Hasta luego!

Corría todo lo que podía en dirección al autobús. Me había puesto mis deportivas exactamente porque sabía que me iba a tocar correr de nuevo.
Mi nombre es Uzumaki Naruto, de la ciudad Konoha.
Mi pelo era rubio y siempre esta desordenado y mi ojos de un color azul cielo.
En la siguiente calle, giré a la derecha. Y allí estaba. El autobús recogiendo ya a mis compañeros.
Me di más prisa y llegué a parar al conductor por los pelos.

-Buenos días – le dije con una sonrisa característica en mí que no fue correspondida. Desagradable sería una palabra muy buena para definirle diría yo.
-¡Naruto! – me llamaron, y al girarme vi a mi mejor amiga haciéndome señas desde el fondo del autobús.

Me fui con ella y me senté a su lado.

-Buenos días.
-Buenos días Rebeca.

Por las mañanas no solíamos hablar demasiado ya que ella aun estaba dormida.
Yo, desgraciadamente, me despertaba del todo al correr.
En diez minutos llegamos al instituto y ella se dirigió a su clase de filosofía y yo a cultura clásica.
La clase se encontraba en el segundo piso. Estaba cerca, así que me lo tomé con calma.

La clase de cultura clásica siempre era un aburrimiento, yo lo aprobaba con buenas notas, pero estudiándolo del libro ya que el profesor no sabía explicar. Y no lo digo por que le tuviera manía, pero es que algunas personas no servían para esto.

-Hola Naruto.

Pegué un bote y me giré.

-¡Carlos! ¡Qué susto me has dado idiota!

Carlos era un chico que iba conmigo a cultura clásica y física y química.
Es mi mejor amigo y un buen tío.
Solemos bajar muchas veces juntos Rebeca él y yo a la calle o charlamos directamente.

-¿A cultura clásica? – me preguntó.
-Desgraciadamente – le dije poniendo carita de perrito abandonado, haciendo que él se riera.

Nos dirigimos juntos a cultura clásica y ya al llegar buscamos algún sitio donde pudiéramos sentarnos juntos.
Si ya de por sí la clase era aburrida, si no pudiéramos estar hablando Carlos y yo, estoy seguro de que me dormiría.
A los cinco minutos llegó el profesor y empezaron mis tortuosas dos horas.

A las dos horas se podría decir que ya estaba como Rebeca esta mañana de dormido.
Realmente era una clase aburrida.
Aparte de alguna llamada de atención a nosotros porque me había empezado a reír a carcajadas sobre una cosa que me había dicho Carlos, no había pasado nada inusual. Nada interesante.

Ahora venía el almuerzo y después lengua castellana y literatura. Otro rollazo.

-Ei, ¿te vienes con Rebeca y todos estos? – me dijo Carlos.
-Mm… no, hoy no… - le dije, pero al ver su cara añadí – lo siento, es que quiero pensar sobre algunas cosas.
-vale – y se dirigió donde estaba Rebeca saludándonos.

Yo me dirigí a un árbol cercano a mi próxima clase.
Tenía que reflexionar.
Aquí en el instituto iba bien, bueno, hasta ahí bien.
En casa… bueno… no se estaba mal, pero tampoco es que formáramos una familia perfecta.
Estaba mi madre. Preocupada más de que tal me iba que de que tal estaba.
Luego mi padre, que si se preocupaba por mi felicidad o malestar. O por lo menos se preocupaba cuando esta en casa, y esos momentos escaseaban…
Lo único bueno de mi casa. Mi hermanita pequeña, Hinako, siempre estaba riendo, alegrando la casa y siempre alrededor de mí. Según ella, soy su ángel de la guarda que la protege, con lo cual, la protejo.
Al llegar al árbol me senté en la sombra y pensé sobre todo lo de antes más a fondo.

Al rato ya miré el reloj, quedaban cinco minutos para que tocara el timbre, así que me dirigí a mi clase.
Me senté en mi sitio y luego llegó Rebeca que se sentó a mi lado mientras me saludaba y me empezaba a contar todo lo que la hubiera sucedido hoy.

. . . .

-Tenemos que ir ya a por todos – dijo una voz en la oscuridad.
-No puedo creer que dejemos el futuro en manos tan débiles – dijo una voz irritada.
-No serán débiles por mucho tiempo – sonó otra voz, esta autoritaria.
-Ya es hora – dijo la primera voz.
-Adelante… - dijo la tercera voz.
-No se por qué os sigo haciendo caso – dijo la voz irritada.

Y así estas tres personas salían de lo que parecía una sala de reuniones en penumbra, dejando a otros muchos sentados.

. . . .

Por fin en casa… pensé nada más dejar la mochila en mi habitación.

-¡Mamá, ya he llegado! – grité.

Nadie me respondió así que me dirigí a la cocina para comprobar si había alguna nota o algo en el frigorífico.
Al llegar fui directamente al final de la cocina, y exactamente, había una nota.

‘’Cariño me he ido a comprar, Hinako
está conmigo. Tienes la merienda en el frigorífico.
No creo que tardemos. Haz los deberes.’’

Como no… preocupada por mis deberes en vez e por mí…
Rompí en trozos muy pequeños la nota y me cogí la merienda, un perrito caliente, y lo llevé al microondas para prepararlo.

Media hora después llego mi madre junto con mi hermana la cual vino corriendo a mí.

-¡Naru! ¡Naru! ¡Naru! – gritaba contenta.

Naru es como me llama, es como un diminutivo de Naruto.
Era la única que me llama así.
Cuando llegó a mí la recibí con los brazos abiertos y la subí en mis brazos donde se empezó a reír.
Yo la sonreí y me reí un poco con ella. Era difícil no estar contento cerca de ella.

-¿Hiciste los deberes? – me preguntó mi madre sin sonrisa alguna.
-Sí, mamá – le dije con tono serio.

¿De verdad solo le preocupaba el trabajo bien echo?

-Pues si ya has terminado, ponte a estudiar, y si no cuida a tu hermana.

Tras decir eso se fue a la cocina.
Bueno, creo que eso respondía a mi pregunta.
Cuando dejé de oir sus pasos me dirigí a la habitación de Hinako. Ya en mi destino me puse a jugar con ella durante horas.
El tiempo pasó volando. Cuando ya estaba viendo a Hinako con sueño, la cogí de nuevo y fuimos a la cocina.
Hora de cenar.

-Hola Naruto – me saludó mi padre y luego se giró hacia Hinako y la cogió en brazos. – Hola pequeñaja.

Después nos sentamos como una familia normal y corriente.
Lo que éramos en términos generales.
Y así la noche pasó tranquila.

. . . .

-Haruno Sakura, tienes que acompañarnos – sonó la voz calmada en medio de la noche.
-Ni hablar – dijo una adolescente que estaba delante de él.
-Vas a venir por las buenas o por las malas – dijo la que estaba irritada.
-Que no – volvió a decir.
-Serás… - empezó el chico irritado.
-Orochimaru, relájate. Sakura por favor, acompáñanos – dijo la calmada.
-¡Pero no la supliques, Jiraiya! – le gritó Orochimaru.

Mientras discutian, o bueno, Orochimaru discutía, una ercera sombra se estaba moviendo en la oscuridad alrededor de ellas, hasta llegar a Sakura.
Sigilosamente se colocó detrás de ella y de un golpe en el cuello la dejó inconsciente y antes de que cayera al suelo la cogió.

-Ya está – dijo la tercera persona.- Vayamos a por el siguiente.

. . . .


A la mañana siguiente volví a ponerme mis deportivas deprisa y baje corriendo a la cocina donde estaba mi familia desayunando.

-Buenos días Naruto – me dijo mi padre.
-¡Naru! ¡Naru! – gritó mi hermanita mientras sacudía la cuchara que tenía en la mano manchándose entera.
-¡Buenos días, - me dijo mi madre dándome unas tostadas con mermelada – venga que legarás tarde.

. . . .

-Uchiha sasuke, tienes que venir con nosotros – dijo Jiraiya.
-¿Quién eres tú? – preguntó un chico que estaba delante de los tres.
-Yo soy Jiraiya – dije este, luego señalando a la mujer – ella es Tsunade y él… - no pudo terminar.
-Soy Orochimaru, tu… tutor – dijo él muy irritado y después le dio un golpe en el cuello.- Esto es una perdida de tiempo…
-Qué delicado eres… - dijo Tsunade sarcástica.
-Um… que pena… la próxima vez le golpearé más fuerte, no quería ser ‘’delicado’’ – dijo Orochimaru siguiéndola la corriente.
-Ahora solo falta uno – dijo Jiraiya interrumpiéndolos y echando a andar. – Los demás ya habrán ido a por sus alumnos.

. . . .

Hoy era uno de los pocos días en los que llegaba pronto a la parada del autobús.
A los diez minutos llegó el autobús. Aunque por un día me apetecía más estar esperando el autobús que estar en mi casa aguantando las miradas de mi madre de ‘’vas a llegar tarde, no quiero saber nada…’’

Como siempre me senté al lado de Rebeca.
Hoy ella directamente se había quedado dormida pegada al cristal. Y no la desperté, esperaría a que estuviéramos cerca del instituto.

Hoy era día de charlas, así que no llevábamos libros.
Sería un día tranquilito, para variar.
Luego por lo menos mi madre se iría un rato en la tarde y me dejaría a Hinako. Hoy el día prometía.
Prefería cuidar a Hinako que estar aguantándola.

Vale… sí… es mi madre… pero haber quien es el majo que la aguanta… Si ni siquiera mi padre la aguanta.
El piensa que creo que él falta tanto a casa por el trabajo. Ja! Falta por irse a bares, y luego llegar tarde porque quiere llegar normal a casa sin ir haciendo S.

El día fue tranquilo como pensé. Ya a la salida estábamos Carlos, Rebeca y yo hablando.

-Bueno Carlos, Rebeca, os dejo por hoy, que tengo que cuidar a mi hermanita. – Les dije a ambos.

Normalmente me decían adiós. Lo que me sorprendió fue que al mirar a Rebeca y sonreírla de despedida ella se sonrojó y me dio un abrazo.

-Hasta mañana – me susurró al oído.
-Adiós – la dije confundido.

Al alejarme pensé en lo que había pasado.
Rebeca era mi amiga pero… ¿la veía como algo más?
Poco a poco fui acercándome a mí casa donde estaba en la puerta mi madre cogida de Hinako. Me estaban esperando.

-¡Naru! ¡Naru! – vino corriendo hacia mi Hinako.
-Bueno Naruto, cuídala bien, nos vemos en la noche. – Me dijo mi madre y se fue.

Yo cargué a mi hermanita y nos dispusimos a entrar en casa.
La verdad… ¿tenía tanta prisa de librarse de Hinako que no podía esperar dentro? Se podría coger un resfriado.

-¿Uzumaki Naruto? – dijeron a mi espalda y me giré.

Al girarme me encontré de frente con tres personas que me miraban serias.
Mi hermana los miraba curiosa.

-¿Si? – pregunté más tranquilo de lo que en verdad estaba.
-Tienes que venir con nosotros – dijo el chico que estaba a la derecha.
-Por las buenas o por las malas – dijo el otro chico que estaba en el grupo.

Su cara no infundía muchos ánimos para acompañarlos.
Podría encararlos, pero iba con mi hermana.

-¿Para qué? – pregunté ya nervioso.
-Se te contará en su momento – dijo la única chica del grupo.

Ella me miraba con cariño. Quizás le enternecía que cuidara de mi hermanita.

-Lo siento, pero no tengo tiempo… - dije y me dispuse a entrar a mi casa pero me cogieron del hombro.
-Por las buenas o por las malas… - volvió a repetir el hombre de antes, antes de darme un golpe en el cuello.

Sentía que perdía fuerza y antes de perderlas me moleste en caer suavemente de rodillas y dejar a mi hermanita de pie en el suelo.
No quería que saliera herida por mi culpa.

-¿Naru? ¡Naru! – oí antes de caer en una completa oscuridad…

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