Capítulo 2
A la mañana siguiente Sophia nos despertó, y tras hacernos algunas pruebas
y comprobar que estábamos bien de salud, nos dio el alta.
Stefan y yo salimos juntos del hospital.
-Debemos dirigirnos al Internado- me dijo nada más andar unos pasos.
-¿Por qué tenemos que ir ya? –le pregunté.- Queda un mes para que empiecen
las clases ¿no?
-Sí, pero somos dos chicos de 16 años, sin familia y sin nada. Los servicios
sociales nos llevaran con ellos si nos encuentran.
-Ah, vale. ¿Y cómo se llega? ¿Dónde esta?
-Pues, tendremos que coger un tren hasta el aeropuerto y luego ya coger un
avión en dirección a los Pirineos. El internado esta entre medias de las
montañas. El avión nos dejará en la pista de aterrizaje que hay al lado del
internado.
-Vale- le conteste. Parecía estar muy seguro de adonde teníamos que ir a si que
le deje que me dirigiera a donde tuviéramos que llegar. Pero antes de empezar
el viaje no pude evitar preguntar. – Pero antes de irnos, ¿podemos parar a
comer algo? Me muero de hambre.
-Está bien – me contesto con una sonrisa, y me señaló un restaurante. - Vamos
allí.
La comida estaba muy rica, cuando ya estábamos eligiendo el postre una
camarera diferente se nos acercó preguntándonos que íbamos a tomar.
Pero la pregunta parecía que iba mas para Stefan que para mí, le estaba
mirando de una manera que me puso de malhumor. Tanto que sin darme
cuenta la servilleta que estaba delante de ella se incendió.
-¡Ah!- gritó la camarera.
Se me pusieron los ojos como platos pero sin darme cuenta me quede mirando
fijamente las llamas y estas no se extendieron, al revés estaban controladas.
Las estaba controlando.
Me asusté de ver que podía hacer daño a alguien con mis poderes, y Stefan que
me estaba contemplando al ver el cambio en mi cara de repente cuando nadie
miraba su vaso se lleno de agua y lo echo encima de la servilleta.
Antes de que alguien dijera nada Stefan pagó la cuenta y salimos lo mas rápido
posible.
-¿Qué pasó allí dentro? –me preguntó.
-Yo… no se… de repente me enfade, no se porque y la servilleta salió en
llamas. –le conteste.
-Si, de esa parte si me di cuenta porque te cambió la cara. Pero las estabas
controlando muy bien. ¿Por qué te entró el miedo?
-¡Por que podría hacer daño con el fuego a alguien! –le dije enfadada.- Tu con
el agua, puedes ayudar así como has hecho antes. Pero el fuego no ayuda, el
fuego mata como yo muy bien sé… - no sé exactamente como el tema se fue
desviando, pero de repente me encontré llorando la muerte de mis padres de
nuevo y a Stefan abrazándome.
-Todo va a ir bien Elena – me consoló.- Yo cuidaré de ti. –me prometió.
La estación estaba un poco lejos, pero una hora o así después de estar andando
llegamos.
El viaje fue muy agradable, ya que Stefan me estaba contando que si me
concentraba bien, podría utilizar el fuego en caso de emergencia para ayudar
y si las miraba y me concentraba también podría controlarlas como antes.
Ya al final del viaje nos fuimos a un compartimento vacío y saco un pañuelo
el cual puso en el suelo.
-¿Qué haces?- le pregunté al no entender lo que hacia.
-Vamos a ver si puedes controlar el fuego ya que sabes como.- Me dijo dándome
una gran sonrisa que hizo que me entrara de repente mucho calor.
-¿Qué? ¡No!
-Elena –dijo haciéndome que le mirara a los ojos.- Confía en mí, si algo sale
mal. Yo lo apagaré.
Mirándole a los ojos, me di cuenta de que haría cualquier cosa que el me
pidiera. A si que me concentré en el pañuelo. Me concentre y me concentre
y al final paso… nada.
-No puedo hacerlo Stefan.
-Venga Elena, confío en ti- me dijo con una sonrisa.- Tu puedes.
Sin darme cuenta el pañuelo salió en llamas, pero al fijarme que se estaban
extendiendo las llamas me concentre. Y funcionó. Las llamas se quedaron
donde estaban. Seguía habiendo fuego en el pañuelo, pero estaba controlado.
Stefan me miraba con una gran sonrisa en el rostro. Como si estuviera muy
orgulloso de mí. Le mire y me puse muy roja, pero me di cuenta de que fue un
error, porque nada mas mirarle a los ojos me desconcentré y el fuego se
descontrolo.
Stefan se concentro un momento y de repente salió agua de sus manos con
el que apagó el fuego.
Tuvimos que sentarnos en ese momento porque nos caíamos del cansancio.
Pero lo mío fue peor, ya que nada mas sentarme no se si me dormí o me
desmaye, solo sé que no recuerdo nada mas hasta encontrarme tumbada en
un banco de una estación y Stefan sacudiéndome el hombro e instándome a
que me despertara.
-Elena, ¡Elena! – Parecía muy afectado cuando abrí los ojos.- Elena, que susto
me has dado. No te despertabas.
-¿Qué ha pasado?- pregunte desorientada.- ¿Dónde estamos?
-Ya llegamos a nuestro destino, estamos en la estación cerca de
aeropuerto. – me dijo.- Nos sentamos en los asientos pero de repente tus ojos
se cerraron y tu cabeza callo sobre mis hombros, al principio pensé que te
habías dormido, pero al ver que no te despertabas me empecé a asustar y
cuando llegamos te saqué del tren.
-¿Porque no me echaste agua?- le pregunté intentando hacer una broma.
El se rió, y sonreí al verlo feliz de verme bien.
-Porque como el tren acababa de llegar a su final estaba la gente pasando por
delante de nuestro compartimento y habría sido un poco raro que estuviera
echándote agua cuando en el tren están prohibidas las bebidas. ¿No crees?
-Puede –le respondí sonriendo.
Me sentía un poco cansada pero contenta de estar junto a Stefan y saber cuanto
se preocupaba por mí.
Subimos al avión una hora después, y en él si que no hablamos ya que a los
5 minutos de estar sentados nos empezó a entrar sueño. Lo último que
recuerdo antes de dormirme es sentir mi cabeza tocando el hombro de Stefan
y a él acariciando suavemente mi pelo.
Me desperté de un sueño en el que estaba completamente feliz ya que estaba
en la playa con Stefan mientras el me echaba crema en la espalda y se reía
por algo que acababa de decir.
Había alguien sacudiéndome un hombro.
-¡Eh! ¡Despierta, despierta! – oía que me decía una voz que no conocía. Al
abrir los ojos me encontré mirando unos ojos negros.- Pensé que nunca te
despertarías. Ya estamos en los Pirineos, en el Internado Las Sombras.- Me
informó.
-¿Quién eres?- pregunté con voz ronca.
-Solo una azafata del avión, quizás deberías despertar a tu amigo, el avión
despegará de nuevo pronto y deberíais bajar.
Miré a mi derecha y encontré a Stefan sonriendo mientras dormía
profundamente.
-Stefan, despierta, tenemos que bajarnos del avión.- Le dije sacudiéndole
el hombro.- Stefan ¡despierta!
No se despertaba, y aunque antes yo tampoco me despertaba el había podido
cargar conmigo, pero yo con el no podía. Y se me ocurrió hacerle una broma
de esas que hacen que al que se las hacen se pille un cabreo que no veas.
Puse un pañuelo encima de él.
-¿Stefan? ¡Despierta!- al ver que no se despertaba, miré a todos los lados en
el avión. No había nadie. Con una sonrisa me concentre muchísimo en el
pañuelo hasta que salió ardiendo, pero lo controlé para que a Stefan no le
rozara ninguna llama, solo era para despertarle.
Y funcionó, al minuto ya estaba tosiendo y mirando a las llamas sin poder
creérselo.
-¡Elena! – me gritó enfadado, pero yo de lo concentrada que estaba para que
no se quemara casi ni le oía.
Estaba muy cansada, hoy ya había utilizado mucho mis poderes y al estar
aquí casi un minuto controlando las llamas estaba a punto de perder el control.
-Stefan, apágalas, corre.
-Elena… ¿qué? –me preguntó extrañado.
-¡Apágalas!- le insté. Estaba utilizando ya toda la energía que me quedaba y
en cuanto apagó las llamas me caí de rodillas.
-¡Elena! ¿Qué te pasa?- casi sonaba histérico, me alegre de ver cuanto le
importaba.
-No… te… preocupes… solo es que es la primera vez que consigo durar tanto
tiempo…-dije bajito ya que no tenia fuerza para hablar mas fuerte.- Venga,
tenemos que bajar… o despegaran de nuevo… con nosotros dentro…
Stefan lo comprendió, me cogió como en la estación y bajamos del avión.
Al llegar a la puerta del Internado, me dejo en el suelo. Pero tenia que
apoyarme en él para no caerme.
-¡Ya estamos aquí! –dijo con una gran sonrisa de esas que me gustan
tanto.- Y aquí empieza nuestra nueva vida.- Dijo a la vez que las puertas se
abrían y entrábamos en los terreros del Internado.
Yo ya podía mantenerme mas o menos de pie, a si que me solté y me puse
a contemplarlo todo.
El Internado Las Sombras tenía bastante terreno. Alrededor se veían las
montañas donde seguramente en invierno se podría esquiar. También había
cerca un bosquecito en el cual al fondo se veía un lago.
El Internado era bastante grande, bueno bastante grande era quedarse
corto, perecía la Casa Blanca en Washington D.C.
Al llegar a la puerta una mujer salió a recibirnos.
-Buenos días.- nos dijo sonriéndonos.- Soy Magdalena Soriano, la directora
del Internado Las Sombras. Bienvenidos. ¿En qué puedo ayudaros?
Respondió Stefan, ya que yo no andaba sobrada de fuerzas para responder
a su pregunta contándola todo lo que nos había pasado, y porque llegábamos
tan pronto.
-Buenos días –respondió educadamente Stefan.- Somos Elena López y Stefan
Castillejos. Dentro de un mes formaremos parte de los alumnos de esta
institución, pero se nos presentó un inconveniente ya… que nuestros
padres… murieron hace 3 noches, y no tenemos a nadie mas en nuestras
familias.
>>A si que si no veníamos antes los servicios sociales nos habría echo que
nos fuésemos con ellos y no podíamos contarles nada sobre este internado,
a si que hubiera sido imposible asistir.
>>A si que si no le importa a usted, veníamos a instalarnos ya.
La directora se nos quedo mirando perpleja a cada uno, pero más a mí al
darse cuenta que estaba utilizando toda mi voluntad para no caerme.
-Por supuesto que pueden quedarse ya hasta que comiencen las
clases. Esperábamos su visita dentro de un mes, pero visto por lo que han
tenido que pasar no importa que se instalen ya.- nos dijo con una sonrisa,
luego volvió a fijarse en mí y se le borró la sonrisa de la cara.- Señorita López,
¿se encuentra usted bien?
-Si…-dije utilizando toda la fuerza que pudiera, la que no fue mucho por
como su cara pasaba a preocuparse.- No se preocupe, solo estoy cansada.
-¿Hay una habitación para ambos para que pueda llevar a Elena?-preguntó
Stefan.
-Si pero estarán separados- al dirigirle una mirada alarmada nos dijo.- En
este internado hay dos torres. En una se encuentran todas las chicas y en
otra todos los chicos. Las habitaciones para ustedes dos ya están preparadas
pero no estarán juntos.
Al decir eso se dio media vuelta, pero dando a entender a que la siguiéramos
apoyé un brazo sobre los hombros de Stefan y nos metimos en el internado.
Me quedé asombrada al entrar y ver el interior.
Estaba lleno de chavales desde 14 años hasta los 18, se giraron todos al vernos
entrar y yo me sonroje.
Todo estaba decorado como a finales del siglo 19. Aunque todo tenía un toque
más moderno. Se veía todo como si hubiera sido diseñado para el Internado.
La directora nos condujo a través de los estudiantes hasta los dormitorios de
las chicas primero para que Stefan pudiera dejarme en mi habitación y luego
ya condujo a Stefan hasta la suya.
-Desayunamos a las 10:00h., comemos a las 14:30h. y cenamos a las
21:30h. – nos comunicó la directora cuando llegábamos a la torre de las
chicas.- Su compañera de cuarto la ayudará en todo lo que necesite. Si tiene
alguna duda, los tutores suelen pasar a ver a sus alumnos de vez en cuando, se
lo puedes preguntar al tutor de tu compañera. Que descanses.
Y al decir eso me dejo delante de una puerta, e hizo un movimiento con la
mano para que Stefan le siguiera, pero antes de irme me dirigió una sonrisa
encantadora para darme ánimos.
Lo que consiguió que entrara a mi nueva habitación más roja que un tomate.
Dentro estaba una chica muy bonita rubia y con ojos verdes que me miraba
sorprendida.
-Hola- me dijo con una voz suave.- ¿Necesitas algo?
-Hola, parece ser que vamos a compartir cuarto. Me llamo Elena López.
Encantada.
-Yo Lidia Castillo. Mucho gusto. –Luego me dio una larga mirada y
preguntó- ¿Te encuentras bien?
-Si… solo estoy cansada por el uso de los poderes, con un poco de descanso
se me pasará- la dije, pero me extrañe al ver su asombro.- ¿Qué?
-Nada, solo que normalmente los nuevos alumnos que llegan al Internado no
saben que tienen poderes, ni mucho menos que elemento dominan.-Luego con
una sonrisa me señaló mi parte del cuarto.- Esa es tu cama por si quieres
tumbarte. Yo controlo el elemento Aire, ¿y tú?
-Yo el elemento Fuego- la respondí mientras me tumbaba.
A partir de ahí estuvimos hablando largo rato hasta que me quedé dormida.
Tuve un sueño de lo más extraño.
Estaba con Stefan de nuevo, e íbamos cogidos de la mano por los terrenos
del internado, pero de repente un hombre se nos ponía delante y se concentró,
en ese momento sentí el dolor y me desperté envuelta en sudor.
Hacía mucho calor en esa habitación, y en ese momento me di cuenta del por
que.
Mi cama estaba en llamas, parece ser que mientras dormía y sentía esa agonía
me había concentrado y creado las llamas. En ese momento se había
despertado Lidia y gritaba mi nombre.
Pero la ignoré para poderme concentrar con todas mis fuerzas en controlar
el fuego. Poco a poco las llamas se fueron llendo hacía una esquina y se
quedaron ahí quietas hasta que Lidia arrojó agua y se apagaron.
Caí exhausta a la almohada pero no me dormí, ya que Lidia estaba un poco
histérica. Bueno, muy histérica a decir verdad.
-¡Elena! ¿Estás bien? ¿Te quemaste? ¿Estas herida? – no dejaba de hacerme
preguntas y como estaba histérica estaba gritando.- ¡Por Dios! ¿Qué sucedió?
Con los gritos un adulto entró en la habitación y se nos quedó mirando, pero
sobre todo a mi al ver mi cama chamuscada.
-¡Ricardo! Gracias a Dios que estas aquí.- Parece ser que Ricardo era el tutor
de Lidia.- La cama de Elena estaba en llamas pero ella se concentro y las
controló y yo las apagué con la jarra del agua, pero Elena parece a punto de
desmayarse. ¡Hay Ricardo! No se que hacer…
-¡Lidia, tranquila! Venga respira hondo y siéntate.- La cortó Ricardo, luego
se giró hacía mí.- ¿Estas bien? ¿Te hiciste algo?
-No… digo si… bueno no me hice nada y sí, estoy bien.- Le respondí.- Tuve un
mal sueño y al despertarme estaba rodeada de llamas pero pude controlarlas,
solo estoy un poco cansada, se me pasará.
Ricardo me estudió durante un momento como para confirmarse que me
encontraba bien, aunque estaba extrañado y no entendía el por qué.
Antes de irse lo entendí.
-¿Desde cuando sabes que tienes los poderes?-me preguntó.
-Desde hace un par de noches.
-¿Sólo? ¿Y cómo puedes controlar tan bien tu poder?
-No lo sé, mi…- ¿Por qué me lo pensaba si quiera, Stefan es mi amigo, no hace
falta que lo pienses por mucho que seáis algo mas- mi amigo Stefan me dijo
que se controlaba concentrándose en ello y eso hago, me concentro y me sale.
-Y tú amigo Stefan, ¿en que está especializado? ¿En que poder?- parecía
interesado de verdad, a si que le dije todo lo que me preguntaba.
-En el elemento Agua, también sabe controlarlo como yo, y aunque el hace más
que sabía que tenía poderes solo sabe cual es desde hace 2 días. Como
yo –añadí al darme cuenta que descubrimos nuestros poderes el mismo día.
El se lo pensó un momento como si le hubiera dado una información que
sirviera de mucho. Luego asintió nos dijo que nos acostáramos y salió por la
puerta.
-¿Qué fue eso?- me pregunto Lidia mas tranquila.
No sabía exactamente por lo que me estaba preguntando a si que me encogí
de hombros y le di las buenas noches. Me dormí al instante.
Parecía que acababa de dormirme cuando una alarma sonó y oí la voz de
Lidia diciéndome que me levantara que era hora de desayunar.
Me levante a regañadientes y me vestí con un uniforme que me habían dejado
esta mañana en la puerta.
La verdad es que me veía muy guapa con él puesto. Le sonreí a mi reflejo, una
niña morena de 16 años, ojos marrones tirando para rojos y pelo castaño.
Lidia se rió de mí al ver lo contenta que estaba con mi reflejo.
-¿Qué, estas guapa?-me preguntó mientras seguía riéndose.
-¿Por… por qué lo dices?-pregunté mientras me ruborizaba de la vergüenza.
Dejé de mirarme al espejo y me eche colonia. Ya estaba lista.
-Porque llevabas 5 minutos mirándote fijamente y sonriendo a tu reflejo.-Me
dijo mientras intentaba dejarse de reír. Cuando lo consiguió me dio una
lista.- Toma.
-¿Qué es esto?
-La tu horario Elena, tendrás que saberlo para irte haciéndote la idea de
donde tienes las clases ¿no? Este lugar es enorme.- Y tras decir esto me hizo
una seña con la mano para que la siguiera y salió de la habitación.
Salí tras ella tras guardar el horario y me la encontré en las escaleras
esperándome.
-¿A dónde vamos?-le pregunté con curiosidad.
-¿No tienes hambre?-me dijo como toda respuesta. Aunque claro, tras
decir esto me di cuenta la hora que era y que nos dirigíamos hacia el comedor
para desayunar.
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