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Solo historias con tu imaginación.
Puedes ser escritas por mí, o tuyas que te gustaría que publicara.
Espero que te guste el blog, y si hay algo que no te guste o que no encaje bien, solo dilo. Me gustan las opiniones de los demás, tanto buenas como malas.

lunes, 28 de febrero de 2011

Lucha Mortal

RECUPERA TUS RECUERDOS... KONOHA EN ESTADO DE ALERTA OLVIDADO


CAPÍTULO 2

A la mañana siguiente:

Acababa de despertarse el niño más hiperactivo de Konoha.
-¡Mierda! Vuelvo a llegar tarde…-grité en mi casa mientras me levantaba corriendo a vestirme y a desayunar.
Al salir por la puerta corriendo me lleve por delante a una persona y nos caímos al suelo.
-Perd…-empecé a disculparme.
-Dobe, tan torpe como siempre-me dijo Sasuke.
-¡Teme! ¿Qué haces aquí?
-Te estaba esperando abajo para ir juntos, pero al ver que no aparecías venía a ver si seguías vivo…-me dijo con sarcasmo.

Fuimos rápido al instituto y allí ya estaba Iruka delante de todos.
-¡Sasuke y Naruto!-nos gritó.-Es solo el segundo día y Naruto tu ya llegaste dos veces tarde.

Me encogí y esperé la reprimenda, aunque no llegó.

-Se salvan por ser el segundo día-nos dijo Iruka. Levante la cabeza con una gran sonrisa, pero se me quito al ver en su cara la determinación de ‘’si vuelves a llegar tarde, olvídate de aprobar’’.

Fui rápido con Sasuke a nuestros sitios y pasamos la mañana lo más atentos que pudimos para no enfadar al profesor. Aunque a mí eso no se me daba muy bien y a mitad del día me distraje como siempre.
Cuando terminaron las clases salí fuera a esperar a mis amigos como siempre.

-Oye Dobe, ¿Por qué nunca nos esperas en la clase y así salimos todos?-me pregunto Sasuke.
-Eres un problemático Naruto-me dijo Shikamaru que acababa de llegar con Chouji, comiendo como siempre.

En ese momento cuando ya estaban reunidos todos los chicos Sasuke dijo que se le había olvidado algo en clase, se fui a girar y se choco con algo, o mejor dicho, con alguien. Sakura.

-¡Uchiha! ¡Ten más cuidado!-Gritó Sakura.

Sasuke fue rápido a ofrecerle su mano para ayudarla a levantarse, pero ella no la acepto y siguió andando, sin esperar a sus amigas.
Las demás fueron a seguirlas pero casi sin darse cuenta cada chico paró a una chica.

-Hinata, ¿qué tal te encuentras?-pregunto Naruto educadamente. Algo raro en él.
-Bi… bien, Naruto… gracias-dijo Hinata muy roja regalándole una sonrisa, con la cual Naruto se sonrojo levemente.

Hinata siguió caminando detrás de Sakura.

-Chss problemática, ¿qué tal tus clases?-le dijo Shikamaru a Temari.
-Shikamaru, si te refieres a mi, ya me estas llamando por mi nombre, que el problemático eres tu, chss, problemático…-dijo Temari como respuesta y se fue tras Hinata y Sakura.

-Hola fea-dijo Sai, y todos los chicos se giraron a ver con quien hablaba.
-¡Sai! ¡Te he dicho un millón de veces que no me llames fea!-gritó Ino, y después le pegó un puñetazo con el cual dejó a Sai en el suelo.
-Vale… fea…-dijo Sai antes de escupir sangre, e Ino se fue muy enojada.

-Hasta mañana Tenten-dijo Neji sonrojado.
-Adiós…-dijo Tenten igual o más roja que él.

Se creo un silencio incomodo cuando se fueron todas las chicas, hasta que Naruto silbó atrayendo la atención de todos.

-Bueno… quien quiere empezar a comentar ¿Qué rayos pasó aquí?-preguntó Naruto.


Todos se miraron entre ellos pero ninguno dijo nada, estaban en un silencio sumamente incomodo.
De repente oyeron un grito, y todos nos giramos en ese dirección y vimos a Hinata venir corriendo a la velocidad que sus piernas le permitían hasta llegar donde estaba yo.

-¡Hinata! ¿Qué te pasa?-le pregunté muy preocupado.
-Sa… Sakura… A… Ayudar a… Sakura.-Nos dijo, y tras decir eso se desmayó.

Me giré a ver a Sasuke, se había quedado paralizado.

-¡Sasuke! ¡Reacciona! ¡Ve a ver que le pasa a Sakura, que yo me llevo a Hinata al hospital!-le grité.
-Yo te acompaño Sasuke-dijo Neji.
-Nosotros también-dijeron los demás. Y se fueron corriendo.

Yo me quedé viéndolos marchar. Cuando los perdí de vista, sujeté mejor a Hinata y me puse en marcha al hospital preocupadísimo por Hinata.
Cuando llegué allí, unas cuantas enfermeras se acercaron a ver el estado de Hinata. La pusieron en una camilla y se la llevaron, diciéndome que esperara en la sala de espera.


CON LOS CHICOS CONTADO POR SASUKE

Aunque no quería admitirlo a los demás, estaba muy preocupado por Sakura.
Llevábamos corriendo cinco minutos y no encontrábamos a ninguna de las chicas.
Ya dejamos de correr e íbamos todos mirando a todos los lados a ver si veíamos algo.
Ya a lo lejos, distinguí una cabellera rosa que me conocía muy bien. Y sin decir nada a nadie salí a toda velocidad hasta donde estaba Sakura, y al llegar vi a todas las chicas en el suelo inconscientes.

-Pero que… ¿qué a pasado aquí?-pregunté sin poder ocultar mi incredulidad.
Fui donde estaba Sakura con el corazón en un puño. Y si estaba… ¡no! Sasuke Uchiha no pienses eso…
Me acerqué a ella y la tomé el pulso. Era irregular, pero tenía.

-¡Temari! ¡Tenten! ¡Ino!-gritó cada uno de los chicos a la vez cuando llegaron.
-Hay que llevarlas al hospital-dije yo muy serio.

En ese momento todos cogieron a sus amadas chicas y Chouji, Kiba y Gaara que no tenían a sus chicas ahí dijeron que luego más tarde irían al hospital a ver que tal estaban.
De camino al hospital, Temari se despertó, estaba en los brazos de Shikamaru.

-Shi-ka-ma-ru…-murmuró.
-Si, estoy aquí.-Le dijo cariñosamente.
-Te amo…-dijo Temari, sorprendiendo a Shikamaru y sonrojándolo le dio un beso en la mejilla.
-Que problemática eres…-le dijo Shikamaru con una gran sonrisa, pero sin quitarle de los ojos su preocupación.

Temari se volvió a desmayar y todos volvieron a apresurarse a llegar al hospital.
Cuando llegaron se llevaron a las chicas como con Hinata, y fueron a la sala de espera donde les dijeron que se encontraba Naruto.
Todos iban a paso normal, ya mas o menos tranquilos porque ya estaban en buenas manos. Pero todos se detuvieron en seco al llegar a la sala de espera.

Una enfermera estaba hablando con Naruto, y el rubio no paraba de llorar por las noticias que le estuvieran dando…

Vampire Academy

Capítulo 2


A pesar de mi odio, tenía que admitir que Dimitri Beli-no se que, era más
listo de lo que parecía. Después de que nos llevasen el aeropuerto, al jet privado
de la Academia, nos vio cuchicheando y mandó que nos separásemos.
"No las dejéis hablarse", le advirtió al guardia que nos escoltaba a la parte de
atrás del avión. "Cinco minutos juntas y construirán un plan de fuga".
Le lancé una mirada arrogante y salí refunfuñando por el pasillo. No importa el
hecho de que estuviésemos planeando una fuga.
Como era habitual, las cosas no salieron bien para nuestros héroes - o heroínas,
en este caso. Puesto que estábamos en el aire, nuestras posibilidades de escapar
se redujeron aún más. Aún suponiendo que pudiese suceder un milagro y que
consiguiese noquear a los diez guardas aún tendríamos el problema de cómo
salir del avión. Me imaginé que tendrían paracaídas a bordo, pero en el
improbable caso de que supiese usar uno, todavía queda una pequeña cuestión
de supervivencia, pues probablemente aterrizaríamos en algún lugar de las
Montañas Rocosas.


No, no conseguiríamos salir de este avión hasta que aterrizase, en Backwoods
Montana. Entonces, tendría que pensar en algo, cualquier cosa que implicase
saltarse la vigilancia mágica de la Academia y diez veces el número de guardas.
Si. No hay problema.
Aunque Lissa estaba sentada en frente del hombre ruso, su miedo volvía a
zumbar en mí, golpeando en mi cabeza como un martillo. Mi preocupación por
ella aumentaba mi furia. No podían llevarla de vuelta allí, no a ese lugar. Me
pregunté si Dimitri vacilaría si sintiese lo que yo sentía, si supiese lo que yo
sabía. Probablemente no. No le importaría.
Sea como sea, sus emociones se hicieron tan fuertes, que durante un momento
tuve la notable sensación de estar en su lugar - en su piel. Esto sucedía varias
veces, y sin ningún aviso, ella me metía directamente en su cabeza. El fornido
cuerpo de Dimitri se sentaba junto a mí, y mi mano - su mano - agarró una
botella de agua. Él se inclinó hacia delante para agarrar algo, revelando seis
pequeños símbolos tatuados en su cuello: marcas Molnija. Parecían dos
dentados relámpagos que se cruzan formando una "X". Una por cada Strigoi que
había asesinado. Por encima de ellas tenía una línea serpenteante, más o menos
como una serpiente, que lo marcaba como un guardián. La marca del juramento.
Parpadeando, luché contra ella y regresé a mi propia mente mientras hacia una
mueca. Odiaba cuando eso ocurría. Sentir las emociones de Lissa era una cosa,
pero meterse en su interior era algo que las dos despreciábamos. Ella lo veía
como una invasión a su intimidad, por lo que normalmente no yo no solía
contarle cuando esto sucedía. Ninguna podíamos controlarlo. Era otro efecto de la conexión, una conexión que ninguna de las dos entendíamos totalmente.
Existen leyendas acerca de los vínculos psicológicos entre los Moroi y sus
guardianes, pero ninguna de las historias mencionaba algo así. Lidiábamos con
él de la mejor manera posible.
Cerca del final del vuelo, Dimitri vino a donde yo estaba sentada y se
intercambio el sitio con el guarda que estaba a mi lado. Me giré, mirando por la
ventana distraídamente. Pasamos mucho tiempo en silencio. Finalmente, dijo,
"¿Realmente nos ibas atacar a todos?"
No le respondí.
"Hacer eso... protegerla de esa manera - fue muy valiente". Hizo una pausa.
"Estúpido, pero muy valiente. ¿Por qué lo intentaste?
Lo miré, apartándome el pelo de la cara, así podría mirarlo a los ojos de igual a
igual. "Porque yo soy su guardiana." Me giré de nuevo hacia la ventana.
Después de otro momento de silencio, se levantó y regresó a la parte delantera
del jet.
Cuando aterrizamos, Lissa y yo no teníamos otra opción que dejar que los
comandos nos llevasen a la Academia. Nuestro coche se detuvo en la puerta y el
conductor habló con los guardias para cerciorarse de que no éramos Strigoi a
punto de hacer una matanza. Después de un minuto, nos dejaron pasar por los
pabellones hasta llegar a la Academia. Era alrededor de la puesta del sol – el
comienzo del día para los vampiros - y el campus estaba envuelto en sombras.
Probablemente se vería igual, dispersa y gótica. Los Moroi eran muy
conservadores; y con ellos nunca se cambiaba nada. Esta escuela no era tan
antigua como la de Europa, pero había sido construida siguiendo el mismo
estilo. Edificios ostentosamente elaborados, de forma similar a la arquitectura de
una iglesia, con altos picos y esculturas de piedra. Puertas de hierro forjado
cerraban los pequeños jardines y las entradas de aquí y allá. Después de vivir en
un campus universitario, tuve una nueva apreciación de lo mucho que este
lugar se asemejaba más a universidad que a una típica escuela secundaria.
Estábamos en la escuela secundaria, que se dividía en dos institutos, medio y
superior. Cada uno fue construido alrededor de un patio abierto decorado con
enormes caminos de piedra y árboles centenarios. Íbamos por el patio del
instituto superior, en el cual había edificios académicos de un lado, mientras que
los dormitorios de los dhampirs y el gimnasio estaban en el lado contrario. Los
dormitorios de los Moroi se encontraban en el otro extremo, y en frente estaba el
edificio administrativo, que también sirve a la escuela inferior. Los estudiantes
más jóvenes vivían en el campus principal, más lejos hacia el oeste.
Alrededor de todo el campus había espacio, espacio, y más espacio. Estábamos
en Montana, después de todo, a kilómetros de distancia de una verdadera
ciudad. Sentía el aire fresco en mis pulmones y olía como el pino y la humedad,
la caída de la hoja. Enormes bosques rodeaban todo el perímetro de la
Academia, y durante el día, se podían ver las montañas que se elevan sobre el
horizonte.
A medida que nos adentrábamos en la parte principal del colegio superior, me
deshice de mi guardián y corrí hacia Dimitri.
"Oye, Camarada."
Siguió caminando y no me miró. "¿Ahora quieres hablar?"
"¿Nos estás llevando a Kirova?
"Directora Kirova", me corrigió. De su otro lado, Lissa me echó una mirada que
decía, no te metas en problemas.

"Directora lo que sea. Ella sigue siendo un vieja hipócrita – "
Mis palabras murieron cuando los guardianes nos guiaron a través de una serie
de puertas dobles – directamente a la zona común. Suspiré. ¿Estas personas eran
realmente tan crueles? Debía de haber al menos una docena de formas de
acceder a la oficina de Kirova, y nos estaban llevando directamente por el centro
del área común.
Era la hora del desayuno.
Guardianes principiantes - dhampirs como yo - y Morois se sentaban juntos,
comiendo y haciendo vida social, sus rostros resplandecían con cualquier
chisme corriente que llamase la atención de la Academia. Cuándo entramos, el
fuerte murmullo de las conversaciones se detuvo al instante, como si alguien le
hubiese dado a un interruptor. Cientos de ojos se giraron hacia nosotros.
Volví la mirada hacia mis antiguos compañeros de clase con una amarga
sonrisa, tratando de ver si las cosas habían cambiado. No, no lo parecía. Camille
Conta todavía se veía como una cursi, la perra perfectamente peinada que
recordaba y que seguía siendo la autoproclamada líder de la real camarilla de
Moroi de la Academia. Por otro lado, la prima torpe de Lissa, Natalie, nos
miraba con ojos desorbitados, tan inocente e ingenua como antes.
Y en el otro lado del salón... bueno, esto era interesante. Aarón. Pobre, el pobre
Aarón, que sin duda tenía su corazón roto desde que Lissa se había ido. Estaba
tan guapo como siempre - tal vez más – con aquella apariencia dorada que
complementaba tan bien con la de ella. Sus ojos siguieron cada movimiento. Sí.
Definitivamente, aún no lo había superado. Era triste, de verdad, porque Lissa
nunca le había correspondido. Creo que ella había estado saliendo con el por
que era lo que parecía que tenía que hacer.

Pero lo que me pareció más interesante era que Aaron al parecer, había
encontrado una manera de pasar el tiempo al no estar ella. A su lado,
sosteniendo su mano, estaba una chica Moroi que parecía tener unos once años,
pero que tenía que ser más mayor, a no ser que se hubiese convertido en un
pedófilo en nuestra ausencia. Con pequeñas y rollizas mejillas y dorados
tirabuzones parecía una muñeca de porcelana. Ella le agarró fuertemente la
mano y le lanzó una mirada a Lissa tan llena de odio que me sorprendió. ¿Qué
diablos fue eso? Que yo supiese ella no era nadie. Sólo una novia celosa, supuse.
Aunque yo también me enfadaría si mi novio mirase a otra de esa manera.
Nuestra pasarela de la vergüenza había terminado, a pesar de que nuestro
nuevo rumbo - la oficina de la Directora Kirova - no mejoraba la situación. La
vieja bruja estaba exactamente de la misma manera que recordaba, nariz
puntiaguda y el pelo gris. Era alta y delgada, como la mayoría de los Moroi, y
siempre me recordaba a un buitre. La conocía muy bien porque había pasado
mucho tiempo en su oficina.
La mayor parte de nuestra escolta nos dejó una vez que Lissa y yo nos sentamos,
lo que hizo que me sintiese como una prisionera. Sólo Alberta, la capitana de los
guardianes de la escuela, y Dimitri se quedaron. Tomaron posiciones a lo largo
de la pared, viéndose estoicos y aterradores, así como requería su oficio.
Kirova nos miró fijamente con ojos furiosos y comenzó a abrir su boca, a lo que
no había ninguna duda, sería el mayor sermón de todos los tiempos. Una
profunda voz delicada la interrumpió.

"Valisia".
Alarmada, me di cuenta de que había alguien más en la habitación. No la había
notado. Un error para un guardián, incluso para uno novato.

Con un gran esfuerzo, Víctor Dashkov se levantó de una silla en la esquina.
Príncipe Victor Dashkov. Lissa se levantó de un salto y se fue corriendo hacia él,
rodeando su frágil cuerpo con los brazos.
"Tío", susurró ella. Sonaba como si estuviera al borde de las lágrimas, ya que
reforzaba su abrazo.
Con una pequeña sonrisa, le acarició suavemente la espalda. "No tienes idea de
lo feliz que estoy al verte a salvo, Valisia". Él me miró. "Y tú también, Rose."
Asentí en respuesta, tratando de ocultar lo conmovida que estaba. Había estado enfermo cuando no fuimos, pero esto – esto era horrible. Era el padre de Natalie, tenía alrededor de los cuarenta y pocos, pero aparentaba el doble de edad.
Pálido. Débil. Con las manos temblando. Mi corazón se rompió al verlo. Con
todas las horribles personas que había en el mundo no era justo que el padeciese
una enfermedad que lo mataría joven y, en última instancia, le impediría
convertirse en rey.
Aunque no era técnicamente su tío - los Moroi utilizan términos familiares de
forma muy imprecisa, especialmente la realeza - Víctor era un amigo íntimo de
la familia de Lissa y había hecho todo lo posible para ayudarla después de la
muerte de sus padres. Me gustaba, era la primera persona que me alegraba ver
aquí.
Kirova dejó que tuviesen unos minutos más y entonces, fríamente, acompañó a
Lissa de vuelta a su lugar.
Hora del sermón.
Fue uno de los buenos - uno de los mejores de Kirova, lo que ya decía algo. Era
una maestra en eso. Juró que tenía que ser la única razón para que ella fuese la directora de la universidad porque aún no había visto otras pruebas de que a
ella realmente le gustasen los niños. El discurso abarcó los temas habituales: la
responsabilidad de comportamiento temerario, egocentrismo... bla, bla, bla.
Rápidamente me encontré divagando, pensando en las probabilidades que tenía de escapar por la ventana.
Pero cuando la charla se dirigió a mí - bien, volví a la realidad.
"Usted, Srta. Hathaway, rompió la más sagrada promesa de los nuestros: la
promesa de un guardián de proteger a un Moroi. Es un gran acto de confianza.
La confianza que usted violó egoístamente al sacar a la princesa de aquí. Los
Strigoi amarían acabar con los Dragomir, y usted casi se la brinda en bandeja".
"Rose no me secuestró". Dijo Lissa antes de que yo pudiera hablar, su voz y su
rostro estaban serenos, a pesar de sus incómodos sentimientos. "Yo quería irme. No la culpe".
La Sra. Kirova nos chistó y anduvo por la oficina, con las manos entrelazadas ensu estrecha espalda.
"Srta. Dragomir, por lo que sé, usted puede haber sido la que orquestó todo el
plan, pero era responsabilidad de ella asegurarse de que no lo harías. Si hubiese
cumplido con su deber, se lo hubiera dicho a alguien. Si hubiese cumplido con
su deber, te hubiese mantenido a salvo."
Perdí el control.
"Cumplí con mi deber!" Grité, levantándome de la silla. Dimitri y Alberta,
dudaron, pero me dejaron en paz, porque no estaba tratando de golpear a nadie.
Todavía.

"La mantuve a salvo! La he mantenido a salvo cuando ninguno de ustedes - hice
un amplio gesto alrededor de la sala - podría hacerlo. La saqué de aquí para
protegerla. Hice lo que tenía que hacer. Ciertamente ustedes no lo harían."
Debido a nuestra conexión, podía sentir a Lissa enviándome mensajes
tranquilizadores, intentando que la rabia no se apoderase de mí. Era demasiado
tarde.
Kirova me enfrentó, su rostro inexpresivo. "Srta. Hathaway, perdóname por no
comprender la lógica de qué sacarla de un ambiente protegido y mágicamente
asegurado es protegerla. A menos que haya algo que usted no me esté contado. "
Me mordí el labio.
"Ya veo. Bien. En mi opinión, el único motivo por el que te has ido- más allá de
la novedad que ese hecho envuelve, sin duda - fue evitar las consecuencias de
aquel horrible y destructivo acto que hiciste antes de desaparecer. "
"No, eso no -"
"Y eso solo hace que mi decisión sea aún más fácil. Como Moroi, la princesa
debe continuar aquí en la Academia por su propia seguridad, pero no tenemos
ninguna obligación contigo. Se te enviará fuera tan pronto como sea posible".
Mi audacia se agotó. "Yo... ¿qué? "
Lissa se puso a mi lado. "No puedes hacer eso! Ella es mi guardiana".
"No lo es, sobre todo porque no es una guardiana. Todavía es una principiante".

"Pero mis padres -"
"Sé lo que tus padres querían, Dios bendiga sus almas, pero las cosas cambiaron.
La Srta. Hathaway es prescindible. No merece ser una guardiana, y se irá. "
Miré a Kirova, incapaz de creer lo que estaba escuchando. "¿A dónde me va a
mandar? ¿Con mi madre a Nepal? ¿Sabe, al menos ella que he estado ausente?
¿O tal vez me va a enviar con mi padre? "
Sus ojos se redujeron en respuesta a mi última palabra. Cuando hablé
nuevamente, mi voz estaba tan tranquila que apenas me reconocí.
"O quizás usted está tratando de echarme para que sea una prostituta de sangre.
Inténtelo, y nos habremos ido antes de que finalice el día. "
"Srta. Hathaway, " silbó," usted está actuando indebidamente. "
"Ellas tienen un vínculo." La voz fuerte y acentuada de Dimitri rompió la fuerte
tensión y todos lo observamos. Creo que Kirova había olvidado que el estaba
allí, pero yo no.
Su presencia era muy poderosa para ser ignorada. Aún estaba contra la pared,
como un centinela cowboy con su ridículo y largo abrigo. Me miró a mí, no a
Lissa, sus oscuros ojos me estaba mirando fijamente. "Rose sabe lo que Vasilia
siente. ¿No? "
Al menos tuve la satisfacción de ver como Kirova era pillada con la guardia baja, por que no dejaba de mirarnos a nosotras y a Dimitri. "No... eso es imposible. Eso no ocurre desde hace siglos. "
"Es obvio", dijo. "Lo sospeche tan pronto como las vi."

Ni Lissa ni yo respondimos y yo desvié mi mirada de la suya.
"Es una bendición", murmuró Victor desde su esquina. "Algo excepcional y
maravilloso."
"Los mejores guardianes siempre tuvieron ese vínculo", dijo Dimitri. "En las
historias."
La indignación de Kirova regresó. "Historias que tienen varios siglos de
antigüedad", exclamó. "Seguramente usted no esta sugiriendo que la dejemos
quedar en la Academia después de todo lo que ha hecho"
Se encogió de hombros. "Puede ser salvaje e irrespetuosa, pero si tiene potencial-"
"Salvaje e irrespetuosa?" le interrumpí. "De todos modos, ¿quién demonios eres
tu? Ayuda subcontratada?
"El Guardián Belikov es el guardián de la princesa ahora", dijo Kirova. "Su
guardián autorizado."
"¿Contrató mano de obra barata extranjera para proteger a Lissa?"
Estaba mal que yo dijese eso - en particular porque la mayoría de los Moroi y
sus guardas eran descendientes de los rusos o rumanos -, pero el comentario en
ese momento me pareció mas ingenioso de lo que realmente fue. Y no era como
si yo pudiese hablar. Puedo haber nacido en América, pero mis padres nacieron
en el extranjero. Mi madre dhampir era escocesa - pelirroja y con un acento
ridículo - y me dijo que mi padre Moroi era turco. Esa combinación genética me
habían dado una piel del mismo color que el interior de una almendra, justo
como me gustaba pensar, que eran las características de una princesa semiexótica del desierto: grandes ojos oscuros y el pelo de un color marrón tan
oscuro que normalmente parecía ser negro. No me habría importado heredar el
color de pelo rojo, pero me conformo con el que tengo.
Kirova levantó sus manos mostrando su irritación y se dirigió a él. "¿Lo ves?
¡Totalmente indisciplinada! Ni con todos los vínculos y todo el potencial del
mundo se podría compensar esto. Un guardián indisciplinado es peor que no
tener un guardián".
"Pues entonces, enséñele disciplina. Las clases acaban de comenzar. Regrésela y que comience su entrenamiento de nuevo. "
"Imposible. Se quedará detrás de sus compañeros. "
"No, no lo haré", dije. Nadie me escuchó.
"Entonces tendrá que recibir sesiones extra", dijo.
Mientras continuaban, los demás mirábamos el intercambio como si fuese una
partida de Ping-Pong. Mi orgullo todavía estaba herido acerca de la facilidad
con la que Dimitri nos había engañado, pero me repetí que el podría conseguir
que me quedase aquí con Lissa. Mejor quedarse en este horrible lugar que irme
sin ella. Debido a la conexión, sentí su hilo de esperanza.
"¿Y quién va a pasar con ella ese tiempo extra?" exigió Kirova. "¿Usted?"
El argumento de Dimitri hizo una parada repentina. "Bueno, eso no era lo que
yo -"
Kirova cruzó los brazos con satisfacción. "Sí. Eso es lo que pensaba. "

Viendo que claramente estaba perdiendo, frunció las cejas. Sus ojos pasaron
rápidamente de Lissa a mí y me pregunté lo que vio. ¿Dos chicas patéticas con
grandes ojos suplicantes? ¿O dos prófugas que habían cruzado la fuerte
seguridad de la escuela y que habían gastado la mitad de la herencia de Lissa?
"Sí", dijo finalmente. "Puedo enseñar a Rose. Recibirá clases extra además de las normales".
"¿Y luego qué?" Replicó Kirova furiosamente. "¿Se queda aquí sin recibir un
castigo?"
"Busque otra forma de castigarla", dijo Dimitri. "El número de guardianes se ha
reducido mucho para arriesgarnos a perder otro mas. Sobre todo a una chica. "
Las palabras que no había dicho me hicieron temblar, recordándome la
declaración que yo había echo anteriormente sobre “las putas de sangre". Pocas
chicas dhampir se han convertido en guardas.
De repente Victor habló desde su esquina. "Estoy de acuerdo con el Guardián
Belikov.
Echar a Rose sería vergonzoso, un desperdicio de talento. "
La Sra. Kirova miraba fijamente por la ventana. Estaba completamente oscuro en
el exterior. Con el programa nocturno de la Academia, mañana y tarde era
términos relativos. Eso, y que habían pintado las ventanas para bloquear el
exceso de luz.
Cuando se giró, Lissa encontró sus ojos. "Por favor, Sra. Kirova. Deje quedarse a
Rose".

¡Oh!, Lissa, pensé. Ten cuidado. Usar la coacción con otro Moroi era peligroso –
sobre todo si había testigos. Pero Lissa, solo estaba usando un poco, y
necesitábamos toda la ayuda que pudiésemos recibir. Afortunadamente, nadie
parecía notar lo que estaba sucediendo.
Ni siquiera sabía si la coacción estaba haciendo efecto, pero, finalmente, Kirova
asintió.
"Si la Sra. Hathaway se queda, estas son las condiciones. " Se dirigió a mí. "Su
matricula en la St. Vladimir está en periodo de prueba. Sálgase una vez del
camino, y estará fuera. Asistirás a todas las clases y entrenamientos exigidos a
los principiantes de tu edad. También entrenarás con el Guardián Belikov en
cada momento que tengas - antes y después de las clases. Además, tienes
prohibido asistir a todos los eventos sociales, excepto las comidas y te quedarás
en tu dormitorio. Si no cumples con alguna de estas cosas, se te echará. "
Reí ásperamente. "¿Tengo prohibido participar en cualquier evento social? ¿Está intentado mantenernos separadas?" Hice un gesto con la cabeza señalando a Lissa. "¿Tiene miedo de que nos fuguemos nuevamente?"
"Estoy tomando precauciones. Estoy segura de que recuerdas, que nunca fuiste
castigada por destruir las propiedades de la escuela. Tienes mucho que
compensar." Sus delgados labios se apretaban formando una línea recta. "Se te
está ofreciendo una propuesta muy generosa. Sugiero que no dejes que tu
actitud ponga en peligro la misma".
Empecé a decir que no era nada generosa, pero entonces me encontré con la
mirada de Dimitri. Era difícil de leer. Podría estar diciéndome que creía en mí.
Podría estar diciéndome que era una idiota por seguir luchando con Kirova. No
lo sabía.
Desviando su mirada por segunda vez en esta reunión, miré al suelo, era consciente de la presencia de Lissa, que estaba mi lado y de su propio coraje que me estaba quemando por la conexión. Por último, suspiré y miré de nuevo a la directora.
"Muy bien. Acepto".

domingo, 27 de febrero de 2011

Internado las Sombras


Capítulo 2

A la mañana siguiente Sophia nos despertó, y tras hacernos algunas pruebas
y comprobar que estábamos bien de salud, nos dio el alta.
Stefan y yo salimos juntos del hospital.

-Debemos dirigirnos al Internado- me dijo nada más andar unos pasos.
-¿Por qué tenemos que ir ya? –le pregunté.- Queda un mes para que empiecen
las clases ¿no?
-Sí, pero somos dos chicos de 16 años, sin familia y sin nada. Los servicios
sociales nos llevaran con ellos si nos encuentran.
-Ah, vale. ¿Y cómo se llega? ¿Dónde esta?
-Pues, tendremos que coger un tren hasta el aeropuerto y luego ya coger un
avión en dirección a los Pirineos. El internado esta entre medias de las
montañas. El avión nos dejará en la pista de aterrizaje que hay al lado del
internado.
-Vale- le conteste. Parecía estar muy seguro de adonde teníamos que ir a si que
le deje que me dirigiera a donde tuviéramos que llegar. Pero antes de empezar
el viaje no pude evitar preguntar. – Pero antes de irnos, ¿podemos parar a
comer algo? Me muero de hambre.
-Está bien – me contesto con una sonrisa, y me señaló un restaurante. - Vamos
allí.

La comida estaba muy rica, cuando ya estábamos eligiendo el postre una
camarera diferente se nos acercó preguntándonos que íbamos a tomar.
Pero la pregunta parecía que iba mas para Stefan que para mí, le estaba
mirando de una manera que me puso de malhumor. Tanto que sin darme
cuenta la servilleta que estaba delante de ella se incendió.

-¡Ah!- gritó la camarera.

Se me pusieron los ojos como platos pero sin darme cuenta me quede mirando
fijamente las llamas y estas no se extendieron, al revés estaban controladas.
Las estaba controlando.
Me asusté de ver que podía hacer daño a alguien con mis poderes, y Stefan que
me estaba contemplando al ver el cambio en mi cara de repente cuando nadie
miraba su vaso se lleno de agua y lo echo encima de la servilleta.

Antes de que alguien dijera nada Stefan pagó la cuenta y salimos lo mas rápido
posible.

-¿Qué pasó allí dentro? –me preguntó.
-Yo… no se… de repente me enfade, no se porque y la servilleta salió en
llamas. –le conteste.
-Si, de esa parte si me di cuenta porque te cambió la cara. Pero las estabas
controlando muy bien. ¿Por qué te entró el miedo?
-¡Por que podría hacer daño con el fuego a alguien! –le dije enfadada.- Tu con
el agua, puedes ayudar así como has hecho antes. Pero el fuego no ayuda, el
fuego mata como yo muy bien sé… - no sé exactamente como el tema se fue
desviando, pero de repente me encontré llorando la muerte de mis padres de
nuevo y a Stefan abrazándome.
-Todo va a ir bien Elena – me consoló.- Yo cuidaré de ti. –me prometió.

La estación estaba un poco lejos, pero una hora o así después de estar andando
llegamos.
El viaje fue muy agradable, ya que Stefan me estaba contando que si me
concentraba bien, podría utilizar el fuego en caso de emergencia para ayudar
y si las miraba y me concentraba también podría controlarlas como antes.
Ya al final del viaje nos fuimos a un compartimento vacío y saco un pañuelo
el cual puso en el suelo.

-¿Qué haces?- le pregunté al no entender lo que hacia.
-Vamos a ver si puedes controlar el fuego ya que sabes como.- Me dijo dándome
una gran sonrisa que hizo que me entrara de repente mucho calor.
-¿Qué? ¡No!
-Elena –dijo haciéndome que le mirara a los ojos.- Confía en mí, si algo sale
mal. Yo lo apagaré.

Mirándole a los ojos, me di cuenta de que haría cualquier cosa que el me
pidiera. A si que me concentré en el pañuelo. Me concentre y me concentre
y al final paso… nada.

-No puedo hacerlo Stefan.
-Venga Elena, confío en ti- me dijo con una sonrisa.- Tu puedes.

Sin darme cuenta el pañuelo salió en llamas, pero al fijarme que se estaban
extendiendo las llamas me concentre. Y funcionó. Las llamas se quedaron
donde estaban. Seguía habiendo fuego en el pañuelo, pero estaba controlado.
Stefan me miraba con una gran sonrisa en el rostro. Como si estuviera muy
orgulloso de mí. Le mire y me puse muy roja, pero me di cuenta de que fue un
error, porque nada mas mirarle a los ojos me desconcentré y el fuego se
descontrolo.
Stefan se concentro un momento y de repente salió agua de sus manos con
el que apagó el fuego.

Tuvimos que sentarnos en ese momento porque nos caíamos del cansancio.
Pero lo mío fue peor, ya que nada mas sentarme no se si me dormí o me
desmaye, solo sé que no recuerdo nada mas hasta encontrarme tumbada en
un banco de una estación y Stefan sacudiéndome el hombro e instándome a
que me despertara.

-Elena, ¡Elena! – Parecía muy afectado cuando abrí los ojos.- Elena, que susto
me has dado. No te despertabas.
-¿Qué ha pasado?- pregunte desorientada.- ¿Dónde estamos?
-Ya llegamos a nuestro destino, estamos en la estación cerca de
aeropuerto. – me dijo.- Nos sentamos en los asientos pero de repente tus ojos
se cerraron y tu cabeza callo sobre mis hombros, al principio pensé que te
habías dormido, pero al ver que no te despertabas me empecé a asustar y 
cuando llegamos te saqué del tren.
-¿Porque no me echaste agua?- le pregunté intentando hacer una broma.

El se rió, y sonreí al verlo feliz de verme bien.

-Porque como el tren acababa de llegar a su final estaba la gente pasando por
delante de nuestro compartimento y habría sido un poco raro que estuviera
echándote agua cuando en el tren están prohibidas las bebidas. ¿No crees?
-Puede –le respondí sonriendo.

Me sentía un poco cansada pero contenta de estar junto a Stefan y saber cuanto
se preocupaba por mí.
Subimos al avión una hora después, y en él si que no hablamos ya que a los 
5 minutos de estar sentados nos empezó a entrar sueño. Lo último que 
recuerdo antes de dormirme es sentir mi cabeza tocando el hombro de Stefan
y a él acariciando suavemente mi pelo.

Me desperté de un sueño en el que estaba completamente feliz ya que estaba
en la playa con Stefan mientras el me echaba crema en la espalda y se reía
por algo que acababa de decir.
Había alguien sacudiéndome un hombro.

-¡Eh! ¡Despierta, despierta! – oía que me decía una voz que no conocía. Al
abrir los ojos me encontré mirando unos ojos negros.- Pensé que nunca te
despertarías. Ya estamos en los Pirineos, en el Internado Las Sombras.- Me
informó.
-¿Quién eres?- pregunté con voz ronca.
-Solo una azafata del avión, quizás deberías despertar a tu amigo, el avión
despegará de nuevo pronto y deberíais bajar.

Miré a mi derecha y encontré a Stefan sonriendo mientras dormía
profundamente.

-Stefan, despierta, tenemos que bajarnos del avión.- Le dije sacudiéndole
el hombro.- Stefan ¡despierta!

No se despertaba, y aunque antes yo tampoco me despertaba el había podido
cargar conmigo, pero yo con el no podía. Y se me ocurrió hacerle una broma
de esas que hacen que al que se las hacen se pille un cabreo que no veas.
Puse un pañuelo encima de él.

-¿Stefan? ¡Despierta!- al ver que no se despertaba, miré a todos los lados en
el avión. No había nadie. Con una sonrisa me concentre muchísimo en el
pañuelo hasta que salió ardiendo, pero lo controlé para que a Stefan no le
rozara ninguna llama, solo era para despertarle.
Y funcionó, al minuto ya estaba tosiendo y mirando a las llamas sin poder
creérselo.

-¡Elena! – me gritó enfadado, pero yo de lo concentrada que estaba para que
no se quemara casi ni le oía.

Estaba muy cansada, hoy ya había utilizado mucho mis poderes y al estar
aquí casi un minuto controlando las llamas estaba a punto de perder el control.

-Stefan, apágalas, corre.
-Elena… ¿qué? –me preguntó extrañado.
-¡Apágalas!- le insté. Estaba utilizando ya toda la energía que me quedaba y
en cuanto apagó las llamas me caí de rodillas.
-¡Elena! ¿Qué te pasa?- casi sonaba histérico, me alegre de ver cuanto le
importaba.
-No… te… preocupes… solo es que es la primera vez que consigo durar tanto
tiempo…-dije bajito ya que no tenia fuerza para hablar mas fuerte.- Venga,
tenemos que bajar… o despegaran de nuevo… con nosotros dentro…

Stefan lo comprendió, me cogió como en la estación y bajamos del avión.
Al llegar a la puerta del Internado, me dejo en el suelo. Pero tenia que 
apoyarme en él para no caerme.

-¡Ya estamos aquí! –dijo con una gran sonrisa de esas que me gustan
tanto.- Y aquí empieza nuestra nueva vida.- Dijo a la vez que las puertas se
abrían y entrábamos en los terreros del Internado.

Yo ya podía mantenerme mas o menos de pie, a si que me solté y me puse
a contemplarlo todo.
El Internado Las Sombras tenía bastante terreno. Alrededor se veían las 
montañas donde seguramente en invierno se podría esquiar. También había 
cerca un bosquecito en el cual al fondo se veía un lago.
El Internado era bastante grande, bueno bastante grande era quedarse
corto, perecía la Casa Blanca en Washington D.C.
Al llegar a la puerta una mujer salió a recibirnos.

-Buenos días.- nos dijo sonriéndonos.- Soy Magdalena Soriano, la directora
del Internado Las Sombras. Bienvenidos. ¿En qué puedo ayudaros?

Respondió Stefan, ya que yo no andaba sobrada de fuerzas para responder
a su pregunta contándola todo lo que nos había pasado, y porque llegábamos
tan pronto.

-Buenos días –respondió educadamente Stefan.- Somos Elena López y Stefan
Castillejos. Dentro de un mes formaremos parte de los alumnos de esta
institución, pero se nos presentó un inconveniente ya… que nuestros 
padres… murieron hace 3 noches, y no tenemos a nadie mas en nuestras
familias.
>>A si que si no veníamos antes los servicios sociales nos habría echo que
nos fuésemos con ellos y no podíamos contarles nada sobre este internado, 
a si que hubiera sido imposible asistir.
>>A si que si no le importa a usted, veníamos a instalarnos ya.

La directora se nos quedo mirando perpleja a cada uno, pero más a mí al
darse cuenta que estaba utilizando toda mi voluntad para no caerme.

-Por supuesto que pueden quedarse ya hasta que comiencen las 
clases. Esperábamos su visita dentro de un mes, pero visto por lo que han
tenido que pasar no importa que se instalen ya.- nos dijo con una sonrisa, 
luego volvió a fijarse en mí y se le borró la sonrisa de la cara.- Señorita López,
¿se encuentra usted bien?
-Si…-dije utilizando toda la fuerza que pudiera, la que no fue mucho por
como su cara pasaba a preocuparse.- No se preocupe, solo estoy cansada.
-¿Hay una habitación para ambos para que pueda llevar a Elena?-preguntó 
Stefan.
-Si pero estarán separados- al dirigirle una mirada alarmada nos dijo.- En
este internado hay dos torres. En una se encuentran todas las chicas y en 
otra todos los chicos. Las habitaciones para ustedes dos ya están preparadas
pero no estarán juntos.

Al decir eso se dio media vuelta, pero dando a entender a que la siguiéramos
apoyé un brazo sobre los hombros de Stefan y nos metimos en el internado.
Me quedé asombrada al entrar y ver el interior.
Estaba lleno de chavales desde 14 años hasta los 18, se giraron todos al vernos
entrar y yo me sonroje.
Todo estaba decorado como a finales del siglo 19. Aunque todo tenía un toque 
más moderno. Se veía todo como si hubiera sido diseñado para el Internado.
La directora nos condujo a través de los estudiantes hasta los dormitorios de
las chicas primero para que Stefan pudiera dejarme en mi habitación y luego
ya condujo a Stefan hasta la suya.

-Desayunamos a las 10:00h., comemos a las 14:30h. y cenamos a las 
21:30h. – nos comunicó la directora cuando llegábamos a la torre de las 
chicas.- Su compañera de cuarto la ayudará en todo lo que necesite. Si tiene
alguna duda, los tutores suelen pasar a ver a sus alumnos de vez en cuando, se
lo puedes preguntar al tutor de tu compañera. Que descanses.

Y al decir eso me dejo delante de una puerta, e hizo un movimiento con la
mano para que Stefan le siguiera, pero antes de irme me dirigió una sonrisa
encantadora para darme ánimos.
Lo que consiguió que entrara a mi nueva habitación más roja que un tomate.
Dentro estaba una chica muy bonita rubia y con ojos verdes que me miraba
sorprendida.

-Hola- me dijo con una voz suave.- ¿Necesitas algo?
-Hola, parece ser que vamos a compartir cuarto. Me llamo Elena López. 
Encantada.
-Yo Lidia Castillo. Mucho gusto. –Luego me dio una larga mirada y 
preguntó- ¿Te encuentras bien?
-Si… solo estoy cansada por el uso de los poderes, con un poco de descanso
se me pasará- la dije, pero me extrañe al ver su asombro.- ¿Qué?
-Nada, solo que normalmente los nuevos alumnos que llegan al Internado no
saben que tienen poderes, ni mucho menos que elemento dominan.-Luego con
una sonrisa me señaló mi parte del cuarto.- Esa es tu cama por si quieres
tumbarte. Yo controlo el elemento Aire, ¿y tú?
-Yo el elemento Fuego- la respondí mientras me tumbaba.

A partir de ahí estuvimos hablando largo rato hasta que me quedé dormida.
Tuve un sueño de lo más extraño.
Estaba con Stefan de nuevo, e íbamos cogidos de la mano por los terrenos
del internado, pero de repente un hombre se nos ponía delante y se concentró,
en ese momento sentí el dolor y me desperté envuelta en sudor.
Hacía mucho calor en esa habitación, y en ese momento me di cuenta del por
que.
Mi cama estaba en llamas, parece ser que mientras dormía y sentía esa agonía
me había concentrado y creado las llamas. En ese momento se había
despertado Lidia y gritaba mi nombre.
Pero la ignoré para poderme concentrar con todas mis fuerzas en controlar 
el fuego. Poco a poco las llamas se fueron llendo hacía una esquina y se
quedaron ahí quietas hasta que Lidia arrojó agua y se apagaron.
Caí exhausta a la almohada pero no me dormí, ya que Lidia estaba un poco
histérica. Bueno, muy histérica a decir verdad.

-¡Elena! ¿Estás bien? ¿Te quemaste? ¿Estas herida? – no dejaba de hacerme
preguntas y como estaba histérica estaba gritando.- ¡Por Dios! ¿Qué sucedió?

Con los gritos un adulto entró en la habitación y se nos quedó mirando, pero
sobre todo a mi al ver mi cama chamuscada.

-¡Ricardo! Gracias a Dios que estas aquí.- Parece ser que Ricardo era el tutor
de Lidia.- La cama de Elena estaba en llamas pero ella se concentro y las
controló y yo las apagué con la jarra del agua, pero Elena parece a punto de
desmayarse. ¡Hay Ricardo! No se que hacer…
-¡Lidia, tranquila! Venga respira hondo y siéntate.- La cortó Ricardo, luego
se giró hacía mí.- ¿Estas bien? ¿Te hiciste algo?
-No… digo si… bueno no me hice nada y sí, estoy bien.- Le respondí.- Tuve un
mal sueño y al despertarme estaba rodeada de llamas pero pude controlarlas,
solo estoy un poco cansada, se me pasará.

Ricardo me estudió durante un momento como para confirmarse que me
encontraba bien, aunque estaba extrañado y no entendía el por qué.
Antes de irse lo entendí.

-¿Desde cuando sabes que tienes los poderes?-me preguntó.
-Desde hace un par de noches.
-¿Sólo? ¿Y cómo puedes controlar tan bien tu poder?
-No lo sé, mi…- ¿Por qué me lo pensaba si quiera, Stefan es mi amigo, no hace
falta que lo pienses por mucho que seáis algo mas- mi amigo Stefan me dijo 
que se controlaba concentrándose en ello y eso hago, me concentro y me sale.
-Y tú amigo Stefan, ¿en que está especializado? ¿En que poder?- parecía
interesado de verdad, a si que le dije todo lo que me preguntaba.
-En el elemento Agua, también sabe controlarlo como yo, y aunque el hace más
que sabía que tenía poderes solo sabe cual es desde hace 2 días. Como
yo –añadí al darme cuenta que descubrimos nuestros poderes el mismo día.

El se lo pensó un momento como si le hubiera dado una información que 
sirviera de mucho. Luego asintió nos dijo que nos acostáramos y salió por la
puerta.

-¿Qué fue eso?- me pregunto Lidia mas tranquila.

No sabía exactamente por lo que me estaba preguntando a si que me encogí 
de hombros y le di las buenas noches. Me dormí al instante.
Parecía que acababa de dormirme cuando una alarma sonó y oí la voz de
Lidia diciéndome que me levantara que era hora de desayunar.
Me levante a regañadientes y me vestí con un uniforme que me habían dejado
esta mañana en la puerta.
La verdad es que me veía muy guapa con él puesto. Le sonreí a mi reflejo, una
niña morena de 16 años, ojos marrones tirando para rojos y pelo castaño.
Lidia se rió de mí al ver lo contenta que estaba con mi reflejo.

-¿Qué, estas guapa?-me preguntó mientras seguía riéndose.
-¿Por… por qué lo dices?-pregunté mientras me ruborizaba de la vergüenza.
Dejé de mirarme al espejo y me eche colonia. Ya estaba lista.
-Porque llevabas 5 minutos mirándote fijamente y sonriendo a tu reflejo.-Me 
dijo mientras intentaba dejarse de reír. Cuando lo consiguió me dio una
lista.- Toma.
-¿Qué es esto?
-La tu horario Elena, tendrás que saberlo para irte haciéndote la idea de 
donde tienes las clases ¿no? Este lugar es enorme.- Y tras decir esto me hizo
una seña con la mano para que la siguiera y salió de la habitación.

Salí tras ella tras guardar el horario y me la encontré en las escaleras
esperándome.

-¿A dónde vamos?-le pregunté con curiosidad.
-¿No tienes hambre?-me dijo como toda respuesta. Aunque claro, tras
decir esto me di cuenta la hora que era y que nos dirigíamos hacia el comedor
para desayunar.