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Solo historias con tu imaginación.
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lunes, 28 de febrero de 2011

Vampire Academy

Capítulo 2


A pesar de mi odio, tenía que admitir que Dimitri Beli-no se que, era más
listo de lo que parecía. Después de que nos llevasen el aeropuerto, al jet privado
de la Academia, nos vio cuchicheando y mandó que nos separásemos.
"No las dejéis hablarse", le advirtió al guardia que nos escoltaba a la parte de
atrás del avión. "Cinco minutos juntas y construirán un plan de fuga".
Le lancé una mirada arrogante y salí refunfuñando por el pasillo. No importa el
hecho de que estuviésemos planeando una fuga.
Como era habitual, las cosas no salieron bien para nuestros héroes - o heroínas,
en este caso. Puesto que estábamos en el aire, nuestras posibilidades de escapar
se redujeron aún más. Aún suponiendo que pudiese suceder un milagro y que
consiguiese noquear a los diez guardas aún tendríamos el problema de cómo
salir del avión. Me imaginé que tendrían paracaídas a bordo, pero en el
improbable caso de que supiese usar uno, todavía queda una pequeña cuestión
de supervivencia, pues probablemente aterrizaríamos en algún lugar de las
Montañas Rocosas.


No, no conseguiríamos salir de este avión hasta que aterrizase, en Backwoods
Montana. Entonces, tendría que pensar en algo, cualquier cosa que implicase
saltarse la vigilancia mágica de la Academia y diez veces el número de guardas.
Si. No hay problema.
Aunque Lissa estaba sentada en frente del hombre ruso, su miedo volvía a
zumbar en mí, golpeando en mi cabeza como un martillo. Mi preocupación por
ella aumentaba mi furia. No podían llevarla de vuelta allí, no a ese lugar. Me
pregunté si Dimitri vacilaría si sintiese lo que yo sentía, si supiese lo que yo
sabía. Probablemente no. No le importaría.
Sea como sea, sus emociones se hicieron tan fuertes, que durante un momento
tuve la notable sensación de estar en su lugar - en su piel. Esto sucedía varias
veces, y sin ningún aviso, ella me metía directamente en su cabeza. El fornido
cuerpo de Dimitri se sentaba junto a mí, y mi mano - su mano - agarró una
botella de agua. Él se inclinó hacia delante para agarrar algo, revelando seis
pequeños símbolos tatuados en su cuello: marcas Molnija. Parecían dos
dentados relámpagos que se cruzan formando una "X". Una por cada Strigoi que
había asesinado. Por encima de ellas tenía una línea serpenteante, más o menos
como una serpiente, que lo marcaba como un guardián. La marca del juramento.
Parpadeando, luché contra ella y regresé a mi propia mente mientras hacia una
mueca. Odiaba cuando eso ocurría. Sentir las emociones de Lissa era una cosa,
pero meterse en su interior era algo que las dos despreciábamos. Ella lo veía
como una invasión a su intimidad, por lo que normalmente no yo no solía
contarle cuando esto sucedía. Ninguna podíamos controlarlo. Era otro efecto de la conexión, una conexión que ninguna de las dos entendíamos totalmente.
Existen leyendas acerca de los vínculos psicológicos entre los Moroi y sus
guardianes, pero ninguna de las historias mencionaba algo así. Lidiábamos con
él de la mejor manera posible.
Cerca del final del vuelo, Dimitri vino a donde yo estaba sentada y se
intercambio el sitio con el guarda que estaba a mi lado. Me giré, mirando por la
ventana distraídamente. Pasamos mucho tiempo en silencio. Finalmente, dijo,
"¿Realmente nos ibas atacar a todos?"
No le respondí.
"Hacer eso... protegerla de esa manera - fue muy valiente". Hizo una pausa.
"Estúpido, pero muy valiente. ¿Por qué lo intentaste?
Lo miré, apartándome el pelo de la cara, así podría mirarlo a los ojos de igual a
igual. "Porque yo soy su guardiana." Me giré de nuevo hacia la ventana.
Después de otro momento de silencio, se levantó y regresó a la parte delantera
del jet.
Cuando aterrizamos, Lissa y yo no teníamos otra opción que dejar que los
comandos nos llevasen a la Academia. Nuestro coche se detuvo en la puerta y el
conductor habló con los guardias para cerciorarse de que no éramos Strigoi a
punto de hacer una matanza. Después de un minuto, nos dejaron pasar por los
pabellones hasta llegar a la Academia. Era alrededor de la puesta del sol – el
comienzo del día para los vampiros - y el campus estaba envuelto en sombras.
Probablemente se vería igual, dispersa y gótica. Los Moroi eran muy
conservadores; y con ellos nunca se cambiaba nada. Esta escuela no era tan
antigua como la de Europa, pero había sido construida siguiendo el mismo
estilo. Edificios ostentosamente elaborados, de forma similar a la arquitectura de
una iglesia, con altos picos y esculturas de piedra. Puertas de hierro forjado
cerraban los pequeños jardines y las entradas de aquí y allá. Después de vivir en
un campus universitario, tuve una nueva apreciación de lo mucho que este
lugar se asemejaba más a universidad que a una típica escuela secundaria.
Estábamos en la escuela secundaria, que se dividía en dos institutos, medio y
superior. Cada uno fue construido alrededor de un patio abierto decorado con
enormes caminos de piedra y árboles centenarios. Íbamos por el patio del
instituto superior, en el cual había edificios académicos de un lado, mientras que
los dormitorios de los dhampirs y el gimnasio estaban en el lado contrario. Los
dormitorios de los Moroi se encontraban en el otro extremo, y en frente estaba el
edificio administrativo, que también sirve a la escuela inferior. Los estudiantes
más jóvenes vivían en el campus principal, más lejos hacia el oeste.
Alrededor de todo el campus había espacio, espacio, y más espacio. Estábamos
en Montana, después de todo, a kilómetros de distancia de una verdadera
ciudad. Sentía el aire fresco en mis pulmones y olía como el pino y la humedad,
la caída de la hoja. Enormes bosques rodeaban todo el perímetro de la
Academia, y durante el día, se podían ver las montañas que se elevan sobre el
horizonte.
A medida que nos adentrábamos en la parte principal del colegio superior, me
deshice de mi guardián y corrí hacia Dimitri.
"Oye, Camarada."
Siguió caminando y no me miró. "¿Ahora quieres hablar?"
"¿Nos estás llevando a Kirova?
"Directora Kirova", me corrigió. De su otro lado, Lissa me echó una mirada que
decía, no te metas en problemas.

"Directora lo que sea. Ella sigue siendo un vieja hipócrita – "
Mis palabras murieron cuando los guardianes nos guiaron a través de una serie
de puertas dobles – directamente a la zona común. Suspiré. ¿Estas personas eran
realmente tan crueles? Debía de haber al menos una docena de formas de
acceder a la oficina de Kirova, y nos estaban llevando directamente por el centro
del área común.
Era la hora del desayuno.
Guardianes principiantes - dhampirs como yo - y Morois se sentaban juntos,
comiendo y haciendo vida social, sus rostros resplandecían con cualquier
chisme corriente que llamase la atención de la Academia. Cuándo entramos, el
fuerte murmullo de las conversaciones se detuvo al instante, como si alguien le
hubiese dado a un interruptor. Cientos de ojos se giraron hacia nosotros.
Volví la mirada hacia mis antiguos compañeros de clase con una amarga
sonrisa, tratando de ver si las cosas habían cambiado. No, no lo parecía. Camille
Conta todavía se veía como una cursi, la perra perfectamente peinada que
recordaba y que seguía siendo la autoproclamada líder de la real camarilla de
Moroi de la Academia. Por otro lado, la prima torpe de Lissa, Natalie, nos
miraba con ojos desorbitados, tan inocente e ingenua como antes.
Y en el otro lado del salón... bueno, esto era interesante. Aarón. Pobre, el pobre
Aarón, que sin duda tenía su corazón roto desde que Lissa se había ido. Estaba
tan guapo como siempre - tal vez más – con aquella apariencia dorada que
complementaba tan bien con la de ella. Sus ojos siguieron cada movimiento. Sí.
Definitivamente, aún no lo había superado. Era triste, de verdad, porque Lissa
nunca le había correspondido. Creo que ella había estado saliendo con el por
que era lo que parecía que tenía que hacer.

Pero lo que me pareció más interesante era que Aaron al parecer, había
encontrado una manera de pasar el tiempo al no estar ella. A su lado,
sosteniendo su mano, estaba una chica Moroi que parecía tener unos once años,
pero que tenía que ser más mayor, a no ser que se hubiese convertido en un
pedófilo en nuestra ausencia. Con pequeñas y rollizas mejillas y dorados
tirabuzones parecía una muñeca de porcelana. Ella le agarró fuertemente la
mano y le lanzó una mirada a Lissa tan llena de odio que me sorprendió. ¿Qué
diablos fue eso? Que yo supiese ella no era nadie. Sólo una novia celosa, supuse.
Aunque yo también me enfadaría si mi novio mirase a otra de esa manera.
Nuestra pasarela de la vergüenza había terminado, a pesar de que nuestro
nuevo rumbo - la oficina de la Directora Kirova - no mejoraba la situación. La
vieja bruja estaba exactamente de la misma manera que recordaba, nariz
puntiaguda y el pelo gris. Era alta y delgada, como la mayoría de los Moroi, y
siempre me recordaba a un buitre. La conocía muy bien porque había pasado
mucho tiempo en su oficina.
La mayor parte de nuestra escolta nos dejó una vez que Lissa y yo nos sentamos,
lo que hizo que me sintiese como una prisionera. Sólo Alberta, la capitana de los
guardianes de la escuela, y Dimitri se quedaron. Tomaron posiciones a lo largo
de la pared, viéndose estoicos y aterradores, así como requería su oficio.
Kirova nos miró fijamente con ojos furiosos y comenzó a abrir su boca, a lo que
no había ninguna duda, sería el mayor sermón de todos los tiempos. Una
profunda voz delicada la interrumpió.

"Valisia".
Alarmada, me di cuenta de que había alguien más en la habitación. No la había
notado. Un error para un guardián, incluso para uno novato.

Con un gran esfuerzo, Víctor Dashkov se levantó de una silla en la esquina.
Príncipe Victor Dashkov. Lissa se levantó de un salto y se fue corriendo hacia él,
rodeando su frágil cuerpo con los brazos.
"Tío", susurró ella. Sonaba como si estuviera al borde de las lágrimas, ya que
reforzaba su abrazo.
Con una pequeña sonrisa, le acarició suavemente la espalda. "No tienes idea de
lo feliz que estoy al verte a salvo, Valisia". Él me miró. "Y tú también, Rose."
Asentí en respuesta, tratando de ocultar lo conmovida que estaba. Había estado enfermo cuando no fuimos, pero esto – esto era horrible. Era el padre de Natalie, tenía alrededor de los cuarenta y pocos, pero aparentaba el doble de edad.
Pálido. Débil. Con las manos temblando. Mi corazón se rompió al verlo. Con
todas las horribles personas que había en el mundo no era justo que el padeciese
una enfermedad que lo mataría joven y, en última instancia, le impediría
convertirse en rey.
Aunque no era técnicamente su tío - los Moroi utilizan términos familiares de
forma muy imprecisa, especialmente la realeza - Víctor era un amigo íntimo de
la familia de Lissa y había hecho todo lo posible para ayudarla después de la
muerte de sus padres. Me gustaba, era la primera persona que me alegraba ver
aquí.
Kirova dejó que tuviesen unos minutos más y entonces, fríamente, acompañó a
Lissa de vuelta a su lugar.
Hora del sermón.
Fue uno de los buenos - uno de los mejores de Kirova, lo que ya decía algo. Era
una maestra en eso. Juró que tenía que ser la única razón para que ella fuese la directora de la universidad porque aún no había visto otras pruebas de que a
ella realmente le gustasen los niños. El discurso abarcó los temas habituales: la
responsabilidad de comportamiento temerario, egocentrismo... bla, bla, bla.
Rápidamente me encontré divagando, pensando en las probabilidades que tenía de escapar por la ventana.
Pero cuando la charla se dirigió a mí - bien, volví a la realidad.
"Usted, Srta. Hathaway, rompió la más sagrada promesa de los nuestros: la
promesa de un guardián de proteger a un Moroi. Es un gran acto de confianza.
La confianza que usted violó egoístamente al sacar a la princesa de aquí. Los
Strigoi amarían acabar con los Dragomir, y usted casi se la brinda en bandeja".
"Rose no me secuestró". Dijo Lissa antes de que yo pudiera hablar, su voz y su
rostro estaban serenos, a pesar de sus incómodos sentimientos. "Yo quería irme. No la culpe".
La Sra. Kirova nos chistó y anduvo por la oficina, con las manos entrelazadas ensu estrecha espalda.
"Srta. Dragomir, por lo que sé, usted puede haber sido la que orquestó todo el
plan, pero era responsabilidad de ella asegurarse de que no lo harías. Si hubiese
cumplido con su deber, se lo hubiera dicho a alguien. Si hubiese cumplido con
su deber, te hubiese mantenido a salvo."
Perdí el control.
"Cumplí con mi deber!" Grité, levantándome de la silla. Dimitri y Alberta,
dudaron, pero me dejaron en paz, porque no estaba tratando de golpear a nadie.
Todavía.

"La mantuve a salvo! La he mantenido a salvo cuando ninguno de ustedes - hice
un amplio gesto alrededor de la sala - podría hacerlo. La saqué de aquí para
protegerla. Hice lo que tenía que hacer. Ciertamente ustedes no lo harían."
Debido a nuestra conexión, podía sentir a Lissa enviándome mensajes
tranquilizadores, intentando que la rabia no se apoderase de mí. Era demasiado
tarde.
Kirova me enfrentó, su rostro inexpresivo. "Srta. Hathaway, perdóname por no
comprender la lógica de qué sacarla de un ambiente protegido y mágicamente
asegurado es protegerla. A menos que haya algo que usted no me esté contado. "
Me mordí el labio.
"Ya veo. Bien. En mi opinión, el único motivo por el que te has ido- más allá de
la novedad que ese hecho envuelve, sin duda - fue evitar las consecuencias de
aquel horrible y destructivo acto que hiciste antes de desaparecer. "
"No, eso no -"
"Y eso solo hace que mi decisión sea aún más fácil. Como Moroi, la princesa
debe continuar aquí en la Academia por su propia seguridad, pero no tenemos
ninguna obligación contigo. Se te enviará fuera tan pronto como sea posible".
Mi audacia se agotó. "Yo... ¿qué? "
Lissa se puso a mi lado. "No puedes hacer eso! Ella es mi guardiana".
"No lo es, sobre todo porque no es una guardiana. Todavía es una principiante".

"Pero mis padres -"
"Sé lo que tus padres querían, Dios bendiga sus almas, pero las cosas cambiaron.
La Srta. Hathaway es prescindible. No merece ser una guardiana, y se irá. "
Miré a Kirova, incapaz de creer lo que estaba escuchando. "¿A dónde me va a
mandar? ¿Con mi madre a Nepal? ¿Sabe, al menos ella que he estado ausente?
¿O tal vez me va a enviar con mi padre? "
Sus ojos se redujeron en respuesta a mi última palabra. Cuando hablé
nuevamente, mi voz estaba tan tranquila que apenas me reconocí.
"O quizás usted está tratando de echarme para que sea una prostituta de sangre.
Inténtelo, y nos habremos ido antes de que finalice el día. "
"Srta. Hathaway, " silbó," usted está actuando indebidamente. "
"Ellas tienen un vínculo." La voz fuerte y acentuada de Dimitri rompió la fuerte
tensión y todos lo observamos. Creo que Kirova había olvidado que el estaba
allí, pero yo no.
Su presencia era muy poderosa para ser ignorada. Aún estaba contra la pared,
como un centinela cowboy con su ridículo y largo abrigo. Me miró a mí, no a
Lissa, sus oscuros ojos me estaba mirando fijamente. "Rose sabe lo que Vasilia
siente. ¿No? "
Al menos tuve la satisfacción de ver como Kirova era pillada con la guardia baja, por que no dejaba de mirarnos a nosotras y a Dimitri. "No... eso es imposible. Eso no ocurre desde hace siglos. "
"Es obvio", dijo. "Lo sospeche tan pronto como las vi."

Ni Lissa ni yo respondimos y yo desvié mi mirada de la suya.
"Es una bendición", murmuró Victor desde su esquina. "Algo excepcional y
maravilloso."
"Los mejores guardianes siempre tuvieron ese vínculo", dijo Dimitri. "En las
historias."
La indignación de Kirova regresó. "Historias que tienen varios siglos de
antigüedad", exclamó. "Seguramente usted no esta sugiriendo que la dejemos
quedar en la Academia después de todo lo que ha hecho"
Se encogió de hombros. "Puede ser salvaje e irrespetuosa, pero si tiene potencial-"
"Salvaje e irrespetuosa?" le interrumpí. "De todos modos, ¿quién demonios eres
tu? Ayuda subcontratada?
"El Guardián Belikov es el guardián de la princesa ahora", dijo Kirova. "Su
guardián autorizado."
"¿Contrató mano de obra barata extranjera para proteger a Lissa?"
Estaba mal que yo dijese eso - en particular porque la mayoría de los Moroi y
sus guardas eran descendientes de los rusos o rumanos -, pero el comentario en
ese momento me pareció mas ingenioso de lo que realmente fue. Y no era como
si yo pudiese hablar. Puedo haber nacido en América, pero mis padres nacieron
en el extranjero. Mi madre dhampir era escocesa - pelirroja y con un acento
ridículo - y me dijo que mi padre Moroi era turco. Esa combinación genética me
habían dado una piel del mismo color que el interior de una almendra, justo
como me gustaba pensar, que eran las características de una princesa semiexótica del desierto: grandes ojos oscuros y el pelo de un color marrón tan
oscuro que normalmente parecía ser negro. No me habría importado heredar el
color de pelo rojo, pero me conformo con el que tengo.
Kirova levantó sus manos mostrando su irritación y se dirigió a él. "¿Lo ves?
¡Totalmente indisciplinada! Ni con todos los vínculos y todo el potencial del
mundo se podría compensar esto. Un guardián indisciplinado es peor que no
tener un guardián".
"Pues entonces, enséñele disciplina. Las clases acaban de comenzar. Regrésela y que comience su entrenamiento de nuevo. "
"Imposible. Se quedará detrás de sus compañeros. "
"No, no lo haré", dije. Nadie me escuchó.
"Entonces tendrá que recibir sesiones extra", dijo.
Mientras continuaban, los demás mirábamos el intercambio como si fuese una
partida de Ping-Pong. Mi orgullo todavía estaba herido acerca de la facilidad
con la que Dimitri nos había engañado, pero me repetí que el podría conseguir
que me quedase aquí con Lissa. Mejor quedarse en este horrible lugar que irme
sin ella. Debido a la conexión, sentí su hilo de esperanza.
"¿Y quién va a pasar con ella ese tiempo extra?" exigió Kirova. "¿Usted?"
El argumento de Dimitri hizo una parada repentina. "Bueno, eso no era lo que
yo -"
Kirova cruzó los brazos con satisfacción. "Sí. Eso es lo que pensaba. "

Viendo que claramente estaba perdiendo, frunció las cejas. Sus ojos pasaron
rápidamente de Lissa a mí y me pregunté lo que vio. ¿Dos chicas patéticas con
grandes ojos suplicantes? ¿O dos prófugas que habían cruzado la fuerte
seguridad de la escuela y que habían gastado la mitad de la herencia de Lissa?
"Sí", dijo finalmente. "Puedo enseñar a Rose. Recibirá clases extra además de las normales".
"¿Y luego qué?" Replicó Kirova furiosamente. "¿Se queda aquí sin recibir un
castigo?"
"Busque otra forma de castigarla", dijo Dimitri. "El número de guardianes se ha
reducido mucho para arriesgarnos a perder otro mas. Sobre todo a una chica. "
Las palabras que no había dicho me hicieron temblar, recordándome la
declaración que yo había echo anteriormente sobre “las putas de sangre". Pocas
chicas dhampir se han convertido en guardas.
De repente Victor habló desde su esquina. "Estoy de acuerdo con el Guardián
Belikov.
Echar a Rose sería vergonzoso, un desperdicio de talento. "
La Sra. Kirova miraba fijamente por la ventana. Estaba completamente oscuro en
el exterior. Con el programa nocturno de la Academia, mañana y tarde era
términos relativos. Eso, y que habían pintado las ventanas para bloquear el
exceso de luz.
Cuando se giró, Lissa encontró sus ojos. "Por favor, Sra. Kirova. Deje quedarse a
Rose".

¡Oh!, Lissa, pensé. Ten cuidado. Usar la coacción con otro Moroi era peligroso –
sobre todo si había testigos. Pero Lissa, solo estaba usando un poco, y
necesitábamos toda la ayuda que pudiésemos recibir. Afortunadamente, nadie
parecía notar lo que estaba sucediendo.
Ni siquiera sabía si la coacción estaba haciendo efecto, pero, finalmente, Kirova
asintió.
"Si la Sra. Hathaway se queda, estas son las condiciones. " Se dirigió a mí. "Su
matricula en la St. Vladimir está en periodo de prueba. Sálgase una vez del
camino, y estará fuera. Asistirás a todas las clases y entrenamientos exigidos a
los principiantes de tu edad. También entrenarás con el Guardián Belikov en
cada momento que tengas - antes y después de las clases. Además, tienes
prohibido asistir a todos los eventos sociales, excepto las comidas y te quedarás
en tu dormitorio. Si no cumples con alguna de estas cosas, se te echará. "
Reí ásperamente. "¿Tengo prohibido participar en cualquier evento social? ¿Está intentado mantenernos separadas?" Hice un gesto con la cabeza señalando a Lissa. "¿Tiene miedo de que nos fuguemos nuevamente?"
"Estoy tomando precauciones. Estoy segura de que recuerdas, que nunca fuiste
castigada por destruir las propiedades de la escuela. Tienes mucho que
compensar." Sus delgados labios se apretaban formando una línea recta. "Se te
está ofreciendo una propuesta muy generosa. Sugiero que no dejes que tu
actitud ponga en peligro la misma".
Empecé a decir que no era nada generosa, pero entonces me encontré con la
mirada de Dimitri. Era difícil de leer. Podría estar diciéndome que creía en mí.
Podría estar diciéndome que era una idiota por seguir luchando con Kirova. No
lo sabía.
Desviando su mirada por segunda vez en esta reunión, miré al suelo, era consciente de la presencia de Lissa, que estaba mi lado y de su propio coraje que me estaba quemando por la conexión. Por último, suspiré y miré de nuevo a la directora.
"Muy bien. Acepto".

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